martes, 7 de abril de 2015

La “alfombra-independencia” de los Pujolone


Érase una vez un Principado que formaba parte de un Reino. El Reino tenía su Rey, con una familia que vivía de la Corona y, algunos de sus miembros, de varios chanchullos. El Monarca hacía vida propia de quien ciñe Corona…viajes, cacerías, yates… Pero en ese apartado Principado gobernaba, en nombre del Monarca, un hábil valido que durante casi 24 años hizo y deshizo. Cuando fue apartado por voluntad popular consiguió colocar a su delfín y exresponsable de su Hacienda en situación de relevarle, al tiempo, en su posición gobernante. Ya senil y con una cohorte de retoños criados en la acomodación que brinda la extensa permanencia del patriarca en el poder, los hijos empezaron a ser conocidos por aprovecharse de la cosa pública para engordar el bolsillo privado. La policía del Reino investigó la ostentosa y opulenta vida que llevaba el clan…yates, coches y fincas de lujo generadas por comisiones recibidas de aquellos privados que contrataban con la administración gobernada por Don Pujolone. Y ante la posibilidad de que finalmente se destapara el pastel de la trama y los miles de millones obtenidos a costa del erario público, finalmente el delfín, una vez recuperado el poder temporalmente perdido, emprendió el camino del tren llamado independencia” para desgajar al Principado del Reino y eludir así la acción policial y judicial que se cernía sobre la banda. Aprovechó para ello sentimientos legítimos ajenos que hizo suyos cual Moisés divinamente electo. Pero finalmente el tren resultó no ser para el clan más que una alfombra bajo la que seguir barriendo y ocultando las inmundicias de los trapicheos lucrativos con los que la “famiglia” habría obtenido más de 1.800 millones de euros, según la policía del Reino. Y se destapó la fiambrera.

Y dentro aparecieron empresas con las que la trama operaba. Empresas que eran compartidas por distintos miembros del clan…Pujolone y Puignone. Y ello mientras el nuevo valido declaraba también haber heredado millones en cuentas en el extranjero.

Distintos paraísos fiscales eran custodios de “confesadas herencias” aunque ridículas frente a los reales miles de millones obtenidos. Resultó que no era el Reino quien robaba al Principado…eran sus propios gobernantes. Los que durante décadas habían cobrado suculentas comisiones por cada escuela, comisaría, hospital, juzgado, carretera o autopista que se levantaba en el Principado. La pretendida independencia resulto no ser, para los Pujolone, nada más que una alfombra.
(Artículo El Full, septiembre 2014)
 
 
 

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